Cuando Diana y su marido escucharon las palabras de su madre ambos se miraron con sorpresa.
—¿Qué le puedo regalar a tu madre? Comienza a caerme muy bien, quiero ser un buen yerno. —Diana miró a su madre con preocupación, si continuaba hablando así temía que a Izan no le importara golpearla en público.
Su expresión era de tanta rabia que daba miedo.
Le parecía mentira que hubiera estado casada con él y se hubiese mantenido ciega todo un año.
Ese hombre era un cínico, un mentiroso y además un ma