CAPÍTULO OCTAVO
La comisaría era pequeña. Sólo había tres celdas separadas. Me metieron en una de ellas.
Respiré con ansiedad. Mi cerebro hizo las conexiones.
Aileen era una auténtica banshee. La historia que contaba sobre la madre que perdió a su hija –y se convirtió en un espíritu ululante para vengarse– era real. Era su historia.
Los cuadros de su estudio representaban a su hija, Eyre. La humana de belleza surrealista a quien Dother destruyó. A quien Liam destruyó.
Joder. Estaba viviendo ent