Seis meses después, Ariel era una mujer completamente diferente. No había sido un cambio físico drástico, aunque su cabello ahora estaba más largo y cuidado, brillando con una fuerza que parecía reflejar algo más profundo: una confianza renovada, una seguridad que no tenía antes. Era su porte, su mirada y la forma en que se movía lo que hablaba del cambio. Ariel había encontrado algo que había estado perdido dentro de ella, una fortaleza que no creía tener.
—¡Ariel! —escuchó la voz de la abuela