—¡Vamos, ya casi está todo listo! —exclamó Fabio al entrar en la oficina de Alejandro, su voz llena de entusiasmo mientras cargaba una carpeta y una lista interminable de tareas.
Alejandro levantó la vista de los papeles que revisaba y suspiró, frotándose las sienes.
—Te veo muy animado, Fabio. Me duele la cabeza.
—¿Justo hoy? —replicó su amigo con incredulidad, dejando caer la carpeta sobre la mesa de Alejandro—. ¿Es en serio? Es tu cumpleaños, Alejandro, y he invitado a muchas personas especi