Había pasado casi un mes desde lo sucedido. La casa estaba inmersa en un silencio pesado, incómodo, como si cada rincón guardara los ecos de un dolor que ninguno de los dos había podido superar. Alejandro ya había tomado la decisión: Ariel se iría a Italia. Pasaría unos meses con su abuela paterna, Julia, en aquel lugar donde todo parecía respirar paz. Él lo conocía bien, un lugar lleno de calma, belleza y serenidad. Era lo que Ariel necesitaba.
Cuando llegó a casa esa noche, Alejandro se detuv