La oficina del señor Clinton era amplia y estaba decorada con un gusto exquisito, reflejo del poder y la riqueza que poseía le daba la bienvenida a la señorita Martínez.
Lucía Martínez, quien estaba a cargo del la defensa de Alejandro Fendi, caminaba por los pasillos de mármol, sintiendo la presión del caso que le habían asignado y a quien ya había sacado bajo fianza.
Alejandro Fendi, uno de los nombres más sonados en los últimos meses, era su cliente y el peso de su situación legal recaía sobr