Era temprano de la mañana cuando Ariel comenzó a desplegar sus creaciones, cada una reluciendo con el prometido potencial del día. Era una mañana como cualquier otra, llena de expectativas modestas, hasta que el ir y venir de los clientes dio paso a dos encuentros que prometían cambiar su destino.
Tan solo llevaba un mes haciendo aquello y no se imaginó que podría entretenerla de tal manera o que eso despertaría en ella una pasión a la cuál no le había hecho mucho caso o a lo que le restó impor