La pequeña tienda de Ariel, un mosaico de colores y creatividad, brillaba bajo el sol de la tarde. Era el gran día de apertura, y mientras los clientes comenzaban a filtrarse, explorando curiosos entre las estanterías, Ariel sentía una mezcla de nerviosismo y emoción palpitar en su pecho. Aquello se dio de manera rápida gracias a Norman, que se encargó de llenar todos los huecos que ella pasaba por alto y al final salió grandioso, un trabajo en equipo.
Norman, a su lado, le ofrecía una sonrisa