La fiesta estaba en pleno apogeo en el salón principal del hotel. Las luces cálidas y los detalles lujosos hacían que cada rincón brillara, mientras la música llenaba el espacio con energía.
Alejandro, aunque era el anfitrión, no parecía del todo presente. Había pasado gran parte de la noche intercambiando palabras cortas con sus invitados, aceptando felicitaciones de manera mecánica, sin mucho entusiasmo.
—Pensé que no vendrías —comentó Alejandro cuando su hermana menor, Annie, se acercó para