Lia
—¿Me dejarías hacer eso? —pregunto, realmente sorprendida.
Damiano asiente con la mandíbula tensa. Me reservo mi emoción, no dejándome convencer por sus palabras, pues no veo la misma seguridad en su rostro.
—No te veo muy seguro —digo.
Niega con la cabeza.
—Algo bueno debe tener si tú te quieres casar con él —suspira, resignado —. No estoy de acuerdo, pero no te impediré decidir. Escuché cómo te pusiste cuando Alistair no te apoyó.
Siento un malestar en el estómago ante la menc