Capítulo 60. ADRIÁN VOLKAN
Lia
—No es eso —replico al instante, el pánico aflorando en mi pecho. Trato de mantener mi voz mansa —. No te estoy rechazando. No me atrevería a tal cosa.
Una mueca de disgusto aparece en el rostro de Damiano, cortando mis palabras.
—Creí que había sido claro contigo en que no te forzaría a nada —manifiesta con cierta decepción —. No quiero que pienses que debes entregarte a mí si no estás cómoda. Si algo te molesta, tienes que decírmelo. Eres mi esposa, pero no estás obligada a obedecer