Damiano
Mis pasos se detienen ante las puertas cerradas de la sala privada de Lia, sin guardias y muy posiblemente sin doncellas. Está a solas con un hombre, en mi propia casa, a pocas horas de marcharse para siempre. No puedo imaginar cuáles sean sus intenciones.
Trato de contener mi furia y acerco mi mano al pomo de la puerta, apenas oigo el clic de la cerradura cediendo cuando la escucho.
—Voy a disculparme con ellos... Y a decirles que acepto la propuesta de matrimonio que rechazaron