Lia
Llegamos a las puertas de mi sala privada en un silencio casi religioso.
—Por favor, déjennos a solas —le ordeno a los guardias apostados en las puertas. Se miran las caras con inseguridad, dudando en si es más grave obedecerme o no, pero al final parecen inclinarse por la segunda opción.
Hacen una reverencia y dedican una inclinación de cabeza a Alfa Alistair cuando pasan por su lado. El rostro del macho que me entrenó luce más severo que nunca.
—¿No cree que será motivo de habladu