Marcelo
Una semana después.
—Edward, amigo, gracias por aceptar. ¿Cómo iba a confiar en alguien más para que sea el padrino de nuestra boda? —le dije con una sonrisa.
—Con gusto, Marcelo —respondió él—. Aunque debo admitir que todo esto ha sido muy rápido. No me refiero a que quisieras casarte con Valeria, eso se entiende, sino a la fecha, ¿no te parece apresurada?
—Sí, me hubiera gustado que fuera una boda más grande, un verdadero sueño, sobre todo por Valeria. Pero la realidad es que necesit