Había tantos pensamientos rondando mi cabeza que me costaba enfocarme. Me sentía culpable por no poder encontrar una solución clara al problema de Rocío… y, por extensión, al mío.
—Está bien, confiamos en usted —dijo ella, mirando al doctor con seriedad antes de soltar un suspiro largo—. Al final, usted sabe lo que hace.
—Claro —respondió Zayd, sin rodeos—. Los mantendré informados.
Lo vimos alejarse tras Kany. Yo lo seguí con la mirada un momento, en silencio, mientras desaparecía por el pasil