Eso me decía que iba a estar segura al lado de este hombre y que especialmente iba a ser capaz de apoyarme cuando nadie más lo hacía y por eso sentía que mi amor por él incrementaba con cada detalle.
—Te amo, Mateo Montessori. No quiero una vida lejos de ti, en serio que no —giré mi cabeza y lo miré de perfil —, por favor, no me alejes de tu lado.
—Eso nunca, mi amor —él sonrió —. Y yo te amo profundamente, te juro que siempre va a ser así. Incluso cuando mi corazón dé su último aliento, porque