Dijo: «Juniper», con una voz apenas susurrante, pero llena de intensidad. «Te mantendré a salvo». Prometo que no te pasará nada ni a ti ni a nuestro hijo.
Las palabras flotaron en el aire, pesadas. El pecho de Juniper se encogió de ansiedad y duda. Lo miró a los ojos buscando algo, cualquier cosa, que la ayudara a calmar el pánico que le subía por la garganta.
«¿Cómo?», murmuró, con la voz temblorosa. «¿Cómo puedes protegerme de esto?».
Al incorporarse, Callum apretó la mandíbula y cerró el puñ