—Callum, otra vez estás mirando a la nada —murmuró Juniper, rompiendo el silencio. Su voz tenía un dejo de ansiedad. Se quedó en la puerta con los brazos cruzados y la mirada tensa, pues la situación era tan horrible.
Él seguía mirando a la calle—. Creo que alguien nos vigila.
A Juniper se le paró el corazón por un instante. —¿Qué quieres decir con mirarnos? Hay alguien al otro lado de la calle. Lleva media hora ahí. Lo vi cuando iba a ver cómo estaba nuestro hijo.
Se le revolvió el estómago. S