Los minutos parecían una eternidad mientras Charles no tenía respuestas sobre el estado de su esposa. Julian, a su lado, intentaba calmarlo sin mucho éxito a la vez que se comunicaba con Ryan para averiguar novedades de la casa.
—Deja de dar vueltas, Charles, me estás mareando. Ven, siéntate.
—No puedo, si me quedo quieto me voy a poner a llorar como un bebé y no quiero.
—Es comprensible, esta situación debe traerte malos recuerdos, pero ella está bien, ya lo verás.
Ambos esperaban que así fuer