MARIANA
Después de días encerradas por el escándalo, con la prensa acampada afuera del palacio, necesitaba que Valentina respirara. Que fuera niña un rato. Así que la llevé a un parque privado, uno tranquilo, con dos de los hombres de Hassan a unos metros, vigilando. Zayed había insistido en la seguridad. Yo, por una vez, no discutí.
Valentina corría entre los árboles, persiguiendo palomas, riéndose con esa risa que me curaba cualquier cosa. Por unos minutos, viéndola jugar, casi olvidé el infi