Me giró la cara. Fuerte. Me ardió la mejilla que Omar ya me había reventado.
—Eso —dijo, temblando, con los ojos llenos de lágrimas— es por mentirme.
—Mariana—
—¡Había una cláusula, Zayed! —Me empujó el pecho—. ¡Que te casabas con Aaliyah cuando termináramos! ¡Firmada por ti! ¡Y nunca me la dijiste! ¡Me enteré delante de doscientas personas, por la boca de esa mujer, como una idiota, mientras tú estabas en Abu Dabi con la familia de tu prometida! —Se le quebró todo—. ¡Me dejaste sola para que m