ZAYED
Amanecí de un humor que no me conocía.
Mariana había dormido a mi lado. No en la orilla, no huyendo. De frente a mí, con su mano cerca de la mía, respirando tranquila. Me desperté antes que ella solo para mirarla un rato, como un idiota, llegué a la oficina con algo peligrosamente parecido a la felicidad instalado en el pecho. Ese sentimiento de paz y alegría que solo mi mamá había logrado.
Duró hasta que Khalid entró sin tocar, blanco como el papel.
—Revisa las redes. —Puso su teléfono