MARIANA
Estaba en la cocina, amasando sin necesidad, solo porque amasar me calmaba y después del hotel con Rodrigo necesitaba calmarme, cuando Layla entró y se recargó en la mesa con una sonrisa.
—Extraño nuestra aventura del otro día —dijo, robándome un pellizco de masa—. La harina, el desastre, la cara de Halima a punto del infarto. ¿Cuándo repetimos?
—Pronto. —Le sonreí—. Te lo prometo. Otro día de romper reglas, tú y yo. Con Valentina de cómplice.
—Trato hecho. —Se quedó un momento callada,