KHALID
Yo no traje a Yasmín a la casa para presumir un noviazgo.
La traje para terminarlo.
Ese era el plan. Llevarla a comer a un lugar tranquilo, lejos de todo, y decirle la verdad: que es una buena mujer, que no se merece a un hombre que ama a otra, que lo justo para los dos es soltar esto antes de que se vuelva un matrimonio infeliz. Lo ensayé toda la mañana. Tenía hasta las palabras escogidas.
Y entonces, a media mañana, sonó mi teléfono.
Era mi padre.
—Me enteré de la buena noticia, hijo.