ZAYED
Iba a besarla.
En medio de la boda de mi enemigo, bajo cien luces, con media Dubái mirando, le levanté la barbilla con un dedo y me acerqué a su boca, y por primera vez en mucho tiempo no me importó nada. No el contrato. No mi padre. No las cámaras. Solo ella, con los ojos cerrados, dejándome.
Un centímetro más.
—¿Me permites un baile con la novia más hermosa de la fiesta? Después de la mía, claro.
La voz cayó entre nosotros como agua helada.
Omar.
Estaba ahí, sonriendo, con una mano ya e