MARIANA
Zayed no llegó a dormir.
Lo supe porque su lado de la habitación amaneció intacto, la cama vacía, el aire sin él. Y lo supe, sobre todo, porque me pasé media noche escuchando la puerta, esperando un sonido que no llegó.
No me importa, me dije mientras bajaba al desayuno. No me importa dónde pasó la noche ni con quién.
Mentira. Me importaba. Y eso me enojaba más que su ausencia.
Estaba sentada a la mesa, removiendo un café que no me tomaba, cuando él entró.
Traje arrugado del día an