ZAYED
Pedimos el desayuno pasado el mediodía, porque ninguno de los dos tenía prisa de que la noche terminara.
Nos había hecho falta. Después de semanas de infierno, de mentiras, de distancia, esa noche en la suite 39 fue como volver a respirar. Nos amamos.
Ahora ella comía sentada frente a mí, con mi camisa puesta, el pelo revuelto, descalza en el sillón. La cosa más hermosa que hay.
Pero no estaba conmigo del todo.
La conozco. Sé cuándo Mariana está presente y cuándo se le va la cabeza a otro