El punto de vista de Gabriela
El viento cálido me tranquilizaba lo suficiente como para calmar mi corazón anhelante. No sé cuántos días han pasado desde que llegué aquí, he perdido la cuenta. En la casa no hay calendario, ni móvil, ni Internet; tampoco hay televisión, salvo unas radios viejas que apenas funcionan. Tiendo la ropa que acabo de lavar y luego miro al cielo para ver el sol.
Marcelito me permitió salir de casa, pero mis movimientos seguían siendo limitados. Este lugar está completam