El punto de vista de Gabriela
La casa ya estaba limpia y ya había fregado los platos. Ahora mismo estoy preparando la comida para el almuerzo y esperando a que él llegue a casa. Marcelito no me contaba nada de su trabajo, pero siempre llegaba a casa oliendo a aceite y también a pescado. Lo que significa que, en aquella época, tenía dos trabajos, como cualquier marido normal.
Miro mi reflejo en el agua y veo cómo cambia mi rostro tras haber rechazado la comida que me ofrecía estas últimas semana