La presencia de esa persona irradiaba desorden, miedo, rabia e impotencia en David.
Nunca había sucedido, durante tres largos años ella nunca había llegado a buscarlo a la empresa.
David se puso de pie, casi se pasó llevando la pierna de Mardeli cuando rodeó el escritorio para salir al encuentro de la recién llegada.
—Cariño, estaba preocupada por ti. ¿Por qué no has vuelto a casa?
Preguntó aquella mujer elegante y hermosa, pero no más que Mardeli.
—He estado ocupado con los negocios.
Respondió