Cárlenton no dice nada. Parece que ha comprendido mi molestia.
Pasan los minutos y yo me siento contenta porque me da gusto que por primera vez alguien venga a acompañarme a mi control y qué más bello que sea el papá de mi hijo. Aunque lo odio, pero su presencia me hace sentir segura.
Les juro que creí que mi hijo ni siquiera se daría cuenta de quién era su padre, porque ya había decidido no contarle nada acerca de Cárlenton, pero ahora, por asares del destino aquí estamos los dos ansiosos por