Esa noche el ambiente se sintió distinto en la cabaña. Luna esperó a que el hombre entrara a dormir, pero este no lo hizo.
Ella se preocupó de que a causa de la sangre coagulada por los golpes que ella misma le dio, le haya ocurrido un desmayo al hombre y entonces salió de la habitación para buscarlo.
—¡Eduardo, que haces allí te vas a congelar muchacho! —exclamó con desesperación.
El hombre está afuera de la cabaña, sentado sobre un banco de madera. Con la mirada directa observando hacia el bo