Comienza la entrega de títulos, estoy impaciente. De haber sabido que este hombre estaría presente, hubiese retirado el título por ventanilla y me evitaba esta angustia.
Cuando escucho mi precioso nombre me levanto y me dirijo hacia la tarima a recoger mi tan anhelado título.
Estoy nerviosa, desde que salí de la empresa no había vuelto a ver a Cárlenton, ni había escuchado nada sobre él y ahora de repente lo tengo frente a mí y lo que más me enoja es que él está con una sonrisa estúpida en su m