Keira
En la mañana, cuando lo que había hecho con Robert se asentó en mi cabeza, sucedió lo que él había previsto: me arrepentí. Estar con él solo me sirvió para recordar a Sebastian. Las caricias y besos del alemán seguían impregnadas en mi piel, su aroma y su cuerpo se sentían mucho mejor sobre el mío que el de Robert; pero, ¿cómo podía decirle algo así? Yo le había pedido que me amara, a pesar de haber escuchado sus miedos, y dejé que llegara hasta el final, habiéndome preguntado varias