—Qué bien se siente poder dormir profundamente en tu propia casa —murmuró Olivia, estirando ambos brazos hacia el aire.
Luego se levantó de la cama y fue al baño para asearse. Olivia se puso su ropa formal y volvió a mirar su reflejo en el espejo.
—La verdad es que me da mucha pereza encontrarme con ese gato de Bengala, pero mal que bien tengo que hacer mi trabajo —se quejó, desinflándose al recordar lo que había pasado la última vez—. Quizá debería rechazar este trabajo; sería mejor ser su asi