La noche había caído sobre la mansión Davis, iluminada por la tenue luz de las lámparas en el jardín. La familia había celebrado con alegría la decisión del juez, y Sofía estaba radiante, abrazando con fuerza a Kristen y Erik mientras jugaba con los globos que decoraban la sala.
—¿Entonces ahora ustedes son mis papás? —preguntó Sofía con una mezcla de alegría e incredulidad mientras los miraba con sus grandes ojos brillantes.
Erik se arrodilló frente a ella, tomando sus pequeñas manos entre las