El silencio en la sala fue interrumpido cuando Erik se puso de pie con decisión, aunque su mente estaba en completo caos.
—Su señoría, disculpe la interrupción, pero yo… —Se detuvo abruptamente. Las palabras se atoraron en su garganta. ¿Cómo podía pedir más tiempo sin levantar sospechas o dañar el caso?
El juez lo observó con una expresión severa.
—Señor Davis, ¿dónde está su abogado?
Erik sintió que el sudor frío recorría su frente mientras intentaba ganar tiempo.
—Mi abogado… bueno, él…
Antes