Zayn Black permanecía sentado en el amplio sillón de cuero negro en su despacho, observando las luces de la ciudad a través del ventanal. Su mente, como siempre, trabajaba sin descanso, ideando el próximo movimiento que lo acercaría a su objetivo: destruir a Erik Davis. No era solo rivalidad, era algo más profundo, más oscuro. La felicidad de Erik era un recordatorio constante de todo lo que a él le había sido arrebatado, de la vida que nunca tuvo y de las cicatrices que cargaba desde niño.
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