Habían pasado tres semanas desde que llegó a esa casa y era la niñera de Roxana.
Su vida no es que hubiera cambiado mucho, se movía por la mansión solo en cuatro habitaciones y en una sola dirección. Días tras días, la misma rutina.
Podía ir al jardín, la sala de juegos y estudios de Roxana, la cocina y esas dos habitaciones.
Más de la mitad de la casa no la conocía y tampoco podía husmear, Aisha siempre tenía los ojos sobre ella como si fuera una intrusa o un peligro y a donde sea que observab