Emilia esperó ansiosa a que volvieran a la casa, porque así le había pedido Adrian, que recién hablaran cuando estuvieran seguros en las cuatro paredes de la casa.
Adrian tenía que ser precavido y lo sabía, no podía gritar por los aires que tenía un testigo, tenía miedo de que Daniel se enterase y lo usara en su contra.
-¿Y bien? ¿hay buenas noticias?- le preguntó ansiosa la azabache, sirviéndole una taza de café y tomando la suya entre sus manos.
-Gracias…- exclamó el joven CEO, dejando la taz