Emilia estaba sentada en el asiento del copiloto del coche de lujo de su ahora nuevamente esposo, tenía a su niño en brazos, que desde que habían salido del edificio de su jefe no dejaba de chuparse el dedo. Emilia no dijo nada desde que subieron al coche, solo miraba por la ventana con su mente muy lejos de ahí, pensando una y otra vez:
“¿He tomado una buena decisión?” se preguntó y miró a Daniel
Daniel desvió su mirada de la ruta y le dirigió una hermosa sonrisa, de esas que tanto la habían e