-Está bien- exclamó Emilia.
Adrian se giró hacia ella estupefacto y Daniel sonrió victorioso.
-Vamos entonces a la oficina de al lado, cariño.
El hombre pasó por al lado del joven CEO, golpeando su hombro con fuerza en el camino. Abrió la puerta de la oficina y esperó a que su esposa saliera.
Adrian buscó que su niñera lo mirase, pero la mujer salió rápidamente de la sala de reuniones, sin siquiera mirarlo a la cara.
Antes de cerrar la puerta, Daniel le guiñó el ojo a Adrian, como si estuviera