Adrian no tenía idea desde hace cuántas horas no dormía, pero no le importó, se tomó más de cinco tazas de café durante toda la noche además de energizantes, se tenía que mantener despierto y atento. No podía caer dormido contra el volante.
Había recorrido toda la ciudad, todos los estacionamientos, todas las calles, buscando el coche de Daniel, porque sentía que era su única pista.
No había dejado de llamar a su amada sin éxito.
“Sin tan solo el teléfono estuviera encendido, podría rastrearlo”