Emilia recuperó poco a poco la compostura, primero pisó con un pie luego con el otro y se levantó a duras penas sosteniéndose las rodillas. La cabeza la estaba matando y sabía que dormir no sería una buena idea, temía no volver a despertarse.
Espió una vez más a su niño y para su alivio, aún estaba durmiendo.
Luego dirigió su mirada a través de la ventana y observó a lo lejos al coche.
“Tengo que tomar mi teléfono” Pensó a sus adentros.
De repente un fuerte trueno estalló sobre la casa asusta