El padre de las gemelas se encontraba solo en su casa, hace un rato que su yerno se había ido como un rayo de allí, dispuesto a buscar a su hija por cielo y tierra.
Cuando estaba tomando su abrigo y sus cosas para ir a gritarles en la cara a los inoperantes de la fuerza policial por no haber movido un dedo por su hija y su nieto, el hombre escuchó que tocaban nuevamente a la puerta.
Una pizca de esperanza lo invadió, quizás era Adrian, avisándole que abortara la búsqueda porque su hija ya había