124. Es nuestra pequeña Maryam.
La sala se vació en el instante en el que ese hombre entró, era mayor, casi anciano, aunque aún podía caminar por su propio pie sin ayuda alguna de un bastón, aún conservaba ka elegancia que caracterizaba a su estatus social y sobre todo todavía estaba de buen ver a pesar de los años.
Se movía como si fuera el amo y señor de todo, sin perder ni un ápice de su pose señorial a medida que andaba. Se sentó frente al escenario y una hermosa mujer se acercó a él con su tan acostumbrado movimiento de