125. Podría darte una vida con la que solo has soñado.
Ella, aunque deseara concentrarse en ver a las otras dos chicas del burdel, la verdad es que no podía, por mucho que ella lo intentará.
Tanto era su nerviosismo que tuvo que parar su avancé tratando de disculparse.
—Lo siento mi señor, estoy nerviosa, ¿podríamos tomar una copa antes de continuar?— le pregunto al hombre mayor, tomando una de sus manos y llevando su dedo medio a sus labios, antes de volver a suplicar — por favor, si…
— Claro…— él sonrió, le gustaba cuando las chicas se ponían ner