Capítulo 22. Una noche bajo el cielo estrellado.
El camino hacia el Buckeye Flat, aunque fue largo, estuvo ameno. Los niños no pararon de cantar y señalar cada árbol que aparecía en la carretera.
Apenas el auto se detuvo frente a la cabaña de madera los gemelos salieron disparados como cohetes, fascinados por el entorno. El aire fresco, los aromas a tierra húmeda y pino y el murmullo constante del río cercano les pareció como sacado de uno de los cuentos que leían.
Emma respiró profundo. No recordaba la última vez que había sentido tanta paz.