Capítulo 22. Una noche bajo el cielo estrellado.
El camino hacia el Buckeye Flat, aunque fue largo, estuvo ameno. Los niños no pararon de cantar y señalar cada árbol que aparecía en la carretera.
Apenas el auto se detuvo frente a la cabaña de madera los gemelos salieron disparados como cohetes, fascinados por el entorno. El aire fresco, los aromas a tierra húmeda y pino y el murmullo constante del río cercano les pareció como sacado de uno de los cuentos que leían.
Emma respiró profundo. No recordaba la última vez que había sentido tanta paz. A su lado, Liam cerró el baúl del coche y la observó con una media sonrisa.
—¿Qué te parece? —preguntó, extendiendo un brazo hacia el paisaje.
—Es hermoso. Tal como lo recuerdo —respondió ella, sincera.
Los gemelos los interrumpieron jalando a Emma de las manos.
—¡Vamos, vamos! ¡Queremos ver el río!
Entre risas caminaron por un sendero corto hasta llegar a la orilla. El río brillaba con reflejos plateados bajo el sol del mediodía, serpenteando entre piedras y troncos caídos.
Matt se agachó a to