—Sabía que esto no era buena idea, pero no, tenías que ser tan testarudo y arriesgarte a venir —explota furioso Flavio, quien mira hacia atrás y veo como nos siguen dos camionetas, las cuales no pertenecen a mis hombres—. ¡No te detengas! —le grita al chófer, mientras baja el vidrio de su lado.
Toma una de las armas que se encuentran aquí y comienza a disparar. Cuando una de las camionetas está a nuestro nivel, empiezan a empujarnos para desviarnos de nuestro camino.
—¿Qué intentan hacer? —pregu