Massimo
En cuanto me entero de que Lilibeth no se encuentra en la mansión me vuelvo loco de la preocupación.
—¿Por qué no me informaron que salió? —encaro a mis hombres.
—La señora nos dijo que usted ya estaba informado. —Bajan la mirada.
—¿Y a dónde fue? Por lo menos saben eso o tampoco preguntaron.
—No creímos necesario preguntar.
—Quiero que me avisen en cuanto lleguen, ¿me escucharon bien? Si no pueden irse buscando otro trabajo. —Me dirijo con paso fuerte a mi oficina, conteniendo mi